Hay algo que me inquieta desde hace tiempo, y que nunca he sabido explicar muy bien sin que suene contradictorio:
Biológicamente soy mujer. Pero nunca me ha gustado todo lo que viene pegado a esa palabra. No hablo solo hablo del cuerpo, sino de TODO: las expectativas, la forma en que te miran y lo que “se supone” que debes ser. Siempre he odiado los tratos diferenciales. Odio que antes de abrir la boca ya exista una narrativa sobre mí.
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No sé si hayan visto, pero en muchísimas películas, series, libros, etc.; el protagonista siempre es hombre; sobre todo en películas de comedia. Expresan al hombre cómo un humano: con emociones, sentimientos, defectos y fijaciones ¿Y el problema? El problema llega cuándo nos movemos a las mujeres, quienes son siempre vistas como simples trofeos, cómo si no fueran personas. Las reducen a simples objetos perfectos o de deseo para hombres, y si no son lo suficientemente "lindas" o si no cumplen las expectativas que se les imponen, terminan siendo denigradas y rechazadas. Y aunque hay excepciones, el patrón se repite tanto que ME TIENE HASTA LA PUTA MADRE.
Cuando creces consumiendo eso, algo se internaliza.
Aprendes que el personaje interesante suele ser masculino. Que la mujer es mirada, deseada, protegida o salvada, pero rara vez es el eje. Tal vez por eso la idea de haber nacido hombre me parecía más atractiva. Por el lugar simbólico que ocupa. El permiso social para ser complejo, incluso desagradable, sin que eso te reduzca.
No digo que ser hombre sea más fácil en todo, no es una competencia de sufrimiento. Pero sí creo que culturalmente el rol masculino ha sido representado como el que hace, el que decide, el que transforma el mundo.
¿Estoy rechazando mi sexo?
¿O estoy rechazando el papel que históricamente se le asigna?
Tal vez cuando uso pronombres masculinos no estoy diciendo “soy hombre”, tal vez estoy diciendo “no quiero ser reducido a una simple vagina”.
Definitivamente me hubiera gustado nacer hombre. Y no, no es que sienta que sea exactamente lo que se define cómo "hombre" por dentro. No estoy convencido de que mi identidad sea masculina en esencia. En internet hice una especie de "experimento" inconscientemente: empecé a usar pronombres masculinos. No transicioné, simplemente cambié una "a" por una "o". Así de simple.
Y noté algo.
La gente me trataba diferente. Y me gustó.
No era que me trataran "mejor", pero me trataban cómo un humano, me hablaban directo, me hacían bromas; y sin buscar algo a cambio, si saben a lo que me refiero.
Vivimos en una época donde la identidad de género es un tema enorme. Hay discursos que dicen que el género es una construcción social y otros pendejos que dicen que es una realidad biológica innegable. Hay quienes encuentran alivio en etiquetas nuevas y hay quienes sienten que esas etiquetas fragmentan más de lo que ayudan, cómo yo.
No me gustan las etiquetas, las odio. Me incomoda sentir que tengo que elegir una categoría para que los demás sepan cómo tratarme. No quiero que mi existencia sea un posicionamiento ideológico. No quiero que existan categorías rígidas, pero elijo una variación del lenguaje que altera cómo me perciben. Y ahí está la "contradicción"; pero vaya, vivimos en una sociedad ¿Cierto?... Es cómo cuándo los derechistas de mierda dicen "¿Por qué usas un IPhone si estás en contra del capitalismo? Y la respuesta es obvia.
A veces me gusta verme “como hombre”. Aunque sé que eso también es una construcción cultural. No existe una única forma de “verse como hombre” o “verse como mujer”. Todo eso son códigos que aprendimos. Y sin embargo, esos códigos influyen. No me identifico completamente como hombre. Tampoco me siento cómodo con la definición tradicional de mujer. No siento que necesite una etiqueta intermedia. Pero tampoco quiero apropiarme de experiencias que no son mías. Al final la identidad se forma en relación con cómo somos percibidos. El trato moldea la autopercepción; si el lenguaje cambia la forma en que me miran, inevitablemente cambia la forma en que me siento.
Lo que realmente quiero es algo mucho más simple y, a la vez, casi imposible: Que lo que tenga entre las piernas no sea relevante. Que lo que importe sea la mente, la personalidad, la forma de pensar.
Por ahora lo único que sé, es que usar pronombres masculinos me hace sentir más cómodo (por lo menos en internet). Más alineado con cómo quiero ser percibido. Aunque no me declare hombre. Tal vez mi conflicto no sea “quién soy”, simplemente no quiero que mi identidad esté determinada por categorías que no elegí al nacer.
Y tal vez esta crisis no es una falta de identidad.
Tal vez es el proceso de construir una más consciente.
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